domingo, 28 de abril de 2013

Unas pinceladas de Transilvania: Brasov y Castillo de Bran

En mi visita a Bucarest no quise desaprovechar la oportunidad de conocer la atracción turística por excelencia de Rumanía: el Castillo de Bran, más conocido como el Castillo de Drácula.

Mi decepción con la capital rumana fue tal (¡no así con la comida!) que me dije: "Andrea, aprovecha y viaja en estos pocos días que tienes todo lo que puedas que hay tantos países en el mundo por descubrir que quizás nunca más vuelvas a Rumanía". Dicho y hecho, mi compi de viaje y yo reservamos uno de los días a visitar Brasov, perteneciente a la legendaria región de Transilvania, por dos motivos: por su cercanía al emblemático Castillo de Bran y porque, para algunos, es la ciudad más bonita del país.

Cómo ir de Bucarest a Brasov

Tan solo 122 kilómetros separan Bucarest de Brasov, aunque este hecho se traduce en casi 3 horas de viaje en tren entre ambas ciudades. Los trenes salen de la estación Gara de Nord en Bucarest. Unos son más rápidos que otros y, en general, hay bastantes cada día. Los empleados de ventanilla no suelen hablar inglés, así que paciencia.

El centro histórico de Brasov está algo alejado de la estación de tren, por lo que lo ideal es coger el autobús nº4 y bajarse en la última parada: Parcul Central. Desde aquí ya podemos comenzar el recorrido a pie e iniciar nuestra visita por Brasov.

Plaza Sfatului en Brasov
Enseguida llegamos a la Plaza Sfatului o plaza central, adornada con edificios coloridos, que a mí, no sé por qué, tanto me recordó a algunas ciudades polacas. La plaza tiene mucha vida, en especial los días de buen tiempo. Si miras al frente podrás ver un curioso letrero con el nombre de Brasov al más puro estilo de Hollywood en la cima del monte Tampa. ¡Qué copiones estos rumanos!

Podemos continuar nuestro paseo hasta la denominada Iglesia Negra, llamada así por el color que tiñó su fachada tras ser víctima de un incendio. Hoy en día aparece completamente restaurada. Puedes seguir la propia calle George Baritiu y girar en la calle Beethoven, donde se encuentra la Puerta de Catalina, un resquicio de la antigua muralla. Continúa esa calle y verás cómo la cuesta se va pronunciando. Hay un coqueto paseo a los pies del monte Tampa que ofrece una panorámica del centro histórico de Brasov y en el que te encontrarás otros puntos de interés como el Bastión de los Tejedores.

Cómo ir de Brasov al Castillo de Bran

Desde el mismo Parcul Central se debe coger otro autobús, el nº12, hasta 'Autogara 2', una estación de autobuses donde tomar el correspondiente transporte hasta el Castillo de Bran. Hay autobuses cada 30 minutos, el billete cuesta 7 Lei (1 euro= 4,40 Lei) y se tarda una media hora.

Y, por fin, después de tanto trajín nos encontramos ante el tenebroso Castillo de Drácula que nada tiene que ver con este personaje de ficción, el cual se asocia con Vlad Tepes (también Vlad Draculea), un príncipe rumano del siglo XV bastante sanguinario conocido como 'el Empalador' por ser esta su favorita técnica de tortura (básicamente, atravesar a la víctima con un palo).

Castillo de Bran
Bran es un pueblecito encantador y muy explotado turísticamente. Aquí tendrás a tu disposición numerosos restaurantes, establecimientos de comida y un sinfín de puestos para comprar souvenirs. Por supuesto, es imprescindible visitar por dentro el Castillo y alrededores. Está enclavado en un paraje que parece de cuento.

Eso sí, olvídate de tomar fotografías muy buenas del Castillo, pues para ello deberías ascender hasta alguna de las montañas de las proximidades. Por suerte, siempre quedarán las postales:-)

viernes, 5 de abril de 2013

Viaje a Bucarest: ideas para sacarle provecho

En Semana Santa de 2013 me apetecía hacer un viaje que cumpliera dos requisitos: que fuera lowcost y peculiar. Enseguida descubrí Bucarest, la capital de Rumanía, una ciudad no muy turística, barata y de Europa del Este, es decir, un destino bastante alejado de las típicas rutas turísticas europeas: París-Londres-Roma.

Cuando me disponía a buscar información sobre el lugar, me topé con algunos datos que no me hicieron gracia: en Bucarest hay alrededor de 40.000 perros callejeros, un gran problema que, incluso, puede afectar a la seguridad del viandante por la agresividad que estos animales pueden mostrar. ¿El motivo? Durante el mandato de Ceaucescu, el dictador mandó derribar multitud de casas para, en su lugar, construir pisos. Esto propició que las familias abandonaran a los perros a su suerte.

Pues bien, este hecho me asustaba un poco aunque tras mi paso por Bucarest solo puedo decir que, a mi parecer, se trata de una leyenda urbana que haya tantos perros vagabundeando, pues yo pude ver apenas 6 o 7 en los días que estuve y, lejos de producir miedo, me daban más pena por las condiciones de abandono en que se encuentran.

El Parlamento

¿Dónde está el centro de Bucarest?

Una de los principales obstáculos para mí a la hora de buscar alojamiento es interceptar el centro de las ciudades, ya que lo ideal es alojarse cerca. En Bucarest el centro es la plaza Unirii, aunque en general las inmediaciones de la plaza de la Revolución o el espacio entre Calea Victoriei (la avenida "pija" de la ciudad) y Boulevardul Dacia son buenas opciones.

¿Cómo llegar del aeropuerto al centro de Bucarest?

Desde el aeropuerto de Bucarest (Otopeni) hay varias posibilidades para ir al centro. Una es coger un autobús (el 783) que te deja en la estación de tren Gara de Nord y desde ahí puedes coger el metro. Yo, como llegué a horas intempestivas, no tuve más remedio que coger un taxi.

Los taxistas en Bucarest son, en ocasiones, un poco timadores y te ves obligada a regatear. Como tengo experiencia en estos lares no me importó mucho. Las guías advierten que una carrera no debiera superar los 60 Lei (1 euro= 4,40 Lei). No obstante, en la práctica es muuucho menos. Si acceden a poner el cuenta-kilómetros (la tarifa de los taxis "buenos" es de 1,39 Lei/km) llegar al aeropuerto desde el centro no suele superar los 30 Lei, por lo que ¡¡regatear con cabeza!!

Una calle del centro de Bucarest

¿Qué visitar en Bucarest?

Sin duda alguna el mayor reclamo de la ciudad es el Parlamento (construido bajo las órdenes de Ceaucescu). Como curiosidad hay que mencionar que es el segundo edificio más grande del mundo, solo por detrás del Pentágono de Estados Unidos. Según mi guía, (estos libros son inseparables de mí en cualquier viaje) para construirlo hizo falta derribar más de 7.000 viviendas, además de iglesias, etc.

Pasear por Calea Victoriei en dirección centro significará toparte con sitios como la plaza de la Revolución, donde se encuentra el edificio del Senado, desde cuyo balcón Ceaucescu daba sus discursos; la iglesia Biserica Cretulescu; el Ateneo Rumano; o el edificio de la Caja de Ahorros.

De interés es, asimismo, el área de Curtea Veche (Corte Vieja), en la que a día de hoy quedan algunas ruinas, además de una iglesia y otros espacios cuya visita es recomendable como la Posada Manuc (Hanul Iui Manuc). Lo mejor es pasear por las callejuelas de la zona. Si hace buen tiempo, podrás comprobar la cantidad de terracitas a tu alcance para tomarte una cerveza al sol.

Tirando hacia el norte de la ciudad, exactamente en el metro Aviatorilor hay algunos lugares curiosos. Por una parte, el Arco del Triunfo y, por otra, el parque Herastrau. En este se encuentra el coqueto Museo del Campo, en el que el visitante podrá contemplar las típicas granjas/cabañas de la Rumanía profunda.

Museo del Campo
La comida, una parte importante del viaje

Probablemente lo que más me gustó de Bucarest fue la comida. Para ello, no hay que perderse uno de los mejores restaurantes de la ciudad (y más turísticos, a la vez): 'Caru Cu Bere', en la calle Lipscani. ¿Qué puedes comer aquí? Kashkaval (queso empanado), Sarmale (carne picada envuelta en col), Carnati (salchichas), Ciorba (sopa típica) o Mititei (una especie de salchicha hecha de carne picada y a la brasa).

Justo en el local de al lado está 'Chocolat', una pastelería nada barata pero que será imposible evitarla. Su escaparate es por sí solo una tentación.

Seguro que me dejo muchos sitios olvidados pero, más o menos, esa fue mi experiencia.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Colonia, su catedral y otros tesoros

Creo que fue tras pasar aquel mes en Edimburgo en julio de 2005 cuando empezó a despertarse en mí el gusanillo de los viajes. Recuerdo que ese mismo año el Papa visitaba Colonia (estado de Renania del Norte-Westfalia) y muchos de mis amigos fueron, pero yo, que acababa de volver de Escocia me quedé sin ir.
Así, una amiga que quedó sorprendida con la ciudad me propuso visitarla de nuevo en febrero del siguiente año. Me habló de una inmensa catedral y de interesantes ofertas de vuelos en Germanwings. No hizo falta más para convencerme.

Desde el mismo vuelo Madrid-Colonia todo era fotografiable. Probablemente sería por mi escasa experiencia en volar, pero incluso cualquier rincón del avión era susceptible de ser captado por mi cámara. 

La Catedral de Colonia
Alemania tiene muchas cosas buenas para los viajeros con bajo presupuesto. Una de ellas son los albergues: super bien cuidados hasta el último detalle, muchos de ellos con desayuno incluido y con unos precios más que atractivos (algo de lo que España carece).

Como no podía ser de otra forma, nuestra primera parada fue la Catedral de Colonia, el monumento más visitado de Alemania, según dice la Wikipedia, aunque no sé yo... Alcanza una altura (gracias a sus dos torres) de 157 metros, lo que la situó durante varios años como el edificio más alto del mundo. En su interior, se dice, se encuentran los restos de los Tres Reyes Magos.

Igualmente, hay que destacar otras iglesias de interés que forman parte del skyline de Colonia, como la iglesia de Santa María del Capitolio, la iglesia de San Pantaleón, la iglesia de San Gereon, la de los Santos Apóstoles o una de las más hermosas, la iglesia de San Martín.

Imagen en el Museo de la Gestapo
Respecto a museos, nosotras vimos el Museo de la Gestapo (EL-DE Haus), ubicado en un edificio que perteneció a la policía secreta alemana hasta 1945. Acoge fotografías muy interesantes de la época. Me sorprendieron sobre todo aquellas en las que aparecía Colonia visiblemente destruida durante la II Guerra Mundial.

Otros museos que recomiendan las guías son el Museo Romano Germánico o el Museo Ludwig.
Por otra parte, el puente Hohenzollern, que cruza el río Rin, es otro de los 'must'. En el Museo de la Gestapo se puede observar alguna fotografía de cómo quedó devastado durante la guerra.

Iglesia de San Martín
Imprescindible es en Colonia, finalmente probar la cerveza típica de la ciudad, la Kölsch. Eso sí, acompañada con otra especialidad de la tierra: las famosas salchichas.

En conclusión, Colonia no me pareció una ciudad con mucho que ver. Cierto es que su catedral es una de las más importantes de Alemania, pero, a mi parecer, un par de días es suficiente para visitarla.

domingo, 10 de febrero de 2013

Edimburgo, la joya de Escocia

Hoy me apetece hablar de Edimburgo, que visité en 2005 y que supuso mi primer viaje al extranjero. No solo era la primera vez que salía de España, sino la primera vez que iba a trabajar. Por delante teníamos todo julio y agosto, meses en los que íbamos a desempeñar tareas de housekeeper.

Mi inglés en esa época era "nivel de instituto", nefasto, y eso que yo había sido durante los dos años de Bachillerato la mejor de la clase en esta asignatura. Y encima Escocia no es precisamente la cuna del inglés neutro.

Edimburgo no solo es la capital de Escocia (Reino Unido), sino una de las ciudades más bonitas del país. La recuerdo como una ciudad marrón, de calles empedradas, lluviosa, con encanto, mágica...Además, para mí cada rincón era especial, ya que era la novedad. Por vez primera vi a los típicos escoceses con falda (la tradicional kilt) paseando tan tranquilos por la calle, tan pelirrojos ellos, tan borrachines...

Una calle en Edimburgo
Uno de sus mayores atractivos es el Castillo de Edimburgo, situado sobre la colina de Castle Hill, visible desde muchos puntos de la ciudad. De este parte la denominada Royal Mile (Milla Real) que comunica la fortaleza con el Palacio de Holyroodhouse.

Se trata, probablemente, de la calle más importante de Edimburgo. Sobre el Palacio hay que mencionar que es la residencia oficial en Escocia de la Reina de Inglaterra. En tu paseo por la Royal Mile te toparás con, entre otros sitios, la Catedral de Saint Giles.
De interés son, asimismo, los Jardines de Princes Street, un parque urbano desde donde divisar fácilmente el Castillo. Además, cuando por fin sale el sol en la ciudad puede que sea el lugar más popular de la misma.

Monumento a Scott
Aquí se sitúa el Monumento a Scott (o torre de Mordor como la llamábamos en mi época), construido en estilo gótico en honor al escritor Sir Walter Scott, y la coqueta fuente Ross.

La calle Princes se ubica en la llamada ciudad nueva (construida en el siglo XVIII); al otro lado, se extiende la ciudad vieja, donde se localiza la mayoría de edificios históricos y monumentos. Ambas zonas se encuentran muy bien delimitadas.

También Edimburgo es una tierra de tiernas historias. Una de ellas la protagoniza un perro (cuya estatua aún podemos ver en Chambers Street), 'Bobby'. Cuenta la leyenda que tan adorable animalito (probablemente fuera el perro más fiel del mundo) se pasó 14 años sin moverse de la tumba de su dueño, desde que este falleciera, hasta que le llegó su turno.

Calton Hill
Finalmente, hay que destacar Calton Hill, una colina donde se asientan monumentos como el Monumento Nacional de Escocia o el Monumento a Nelson. Una visita imprescindible en la que pasar la mañana entre divertidas fotografías.

Respecto a museos, yo no vi ninguno de ellos, pero hay que hacer caso a las sabias guías que recomiendan sobre todo la National Gallery, el Museo de Edimburgo y el Museo Nacional de Escocia.

Como colofón, si tu visita es en el mes de agosto estás de suerte, porque es cuando tiene lugar el Festival  Internacional de Edimburgo, un prestigioso evento cultural a nivel mundial. 


domingo, 3 de febrero de 2013

El metro Chamberí, una estación parada en el tiempo

Hace poco más de una semana por fin tuve la oportunidad de visitar la estación de metro Chamberí, que dejó de funcionar a finales de los años 60.
Nunca me había fijado, pero si vas en metro, entre las estaciones de Iglesia y Bilbao, es posible observarla y comprobar cómo el tiempo no ha pasado por ella.

Resulta una visita muy interesante, pues verdaderamente te transporta cincuenta años atrás. Además, uno de sus mayores atractivos es que aún conserva los carteles publicitarios de la época, que son maravillosos.

La estación de Chamberí fue construida en el año 1919. En los años 60, debido al incremento del número de viajeros, se pusieron en marcha trenes con más vagones y, dado que la esta estación se encontraba en curva y no era posible su ampliación para adaptarla a estos nuevos requerimientos, decidieron cerrarla en 1966.

Además, por su proximidad a las estaciones de Iglesia y Bilbao tampoco era, parece ser, muy necesaria.

Así, durante tu visita, que, por cierto, es gratuita, tendrás la oportunidad de ver la antigua taquilla donde se compraban los billetes, los tornos de la época, los pasillos...

Acércate a la plaza de Chamberí. Merece la pena.





lunes, 7 de enero de 2013

Alejandría, más allá de la Biblioteca

Durante la casi semana entera que estuve en El Cairo, mi intrépida compañera de viaje y yo decidimos dedicar un día a explorar otra ciudad de Egipto. A pesar de que nuestro dedo señalaba siempre en el mapa Luxor, por sus impresionantes templos, esta idea no era nada viable, pues, en un solo día no daba tiempo casi a llegar.

Así pues, barajamos Alejandría, Suez e, incluso, Rosetta y al final  nos decantamos por la primera por su importancia cultural en la antigüedad. Estábamos emocionadas por ver la Biblioteca (llamadme ilusa o desinformada pero yo creía que aún quedaba en pie algún resto, por pequeño que fuera).

Biblioteca de Alejandría
De modo que llegamos a la estación de tren de Alejandría después de, si no recuerdo mal, poco menos de 3 horas de viaje. Lo primero que decidimos buscar fue la Corniche o paseo marítimo. Enseguida nos dimos cuenta de que el estado de las calles alejandrinas estaba notablemente mejor que el de las cairotas. Las aceras continuaban caracterizándose por numerosos desniveles pero no notábamos tanta suciedad.

Uno de los primeros "puntos de interés" que anuncian las guías que vimos fue el monumento al soldado desconocido, custodiado por dos soldados también desconocidos al más puro estilo londinense.

Continuamos nuestro recorrido por el paseo marítimo contemplando lo increíblemente sucio que está el mar Mediterráneo. Una pena. Andando, andando, reconocimos un edificio moderno que miraba al mar: la Biblioteca de Alejandría, pero, obviamente, la moderna, de 2003. Entramos dentro (pagando entrada), simplemente para ver cómo unos cuantos egipcios estudiaban en sus mesas.

Fortaleza de Quaitbay, a lo lejos
Para visitar otro lugar imprescindible en Alejandría teníamos que volver sobre nuestros pasos. Destino: la Fortaleza de Quaitbay, especialmente importante porque era aquí donde se erigía antiguamente el Faro de Alejandría, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.

En su paseo hasta este emblemático punto se topará con la plaza de las Mezquitas, donde se ubica, entre otras, la popular mezquita Abu-al Abbas al Mursi, impresionante pero muy descuidada.

Dejadez en las inmediaciones de la plaza de las Mezquitas
Finalmente, toca recomendar un último monumento. Se trata de la histórica columna de Pompeyo, de la cual dicen las malas lenguas que formaba parte de la extinta Biblioteca de Alejandría. No obstante, lo más probable es que perteneciera al templo de Serapeo.

En definitiva, Alejandría es la segunda ciudad más importante de Egipto pero un destino turístico bastante prescindible.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El Cairo, inmensidad y cochambre

Hace escasos días volví de mi viaje a El Cairo, la capital de Egipto, una ciudad poblada por más de 12 millones de habitantes. Durante nuestra estancia bromeábamos acerca de qué palabra definiría mejor este lugar. Yo no podía quitar de mi cabeza la palabra cochambre, porque el inmenso Cairo, lo mires por donde lo mires, es suciedad y desorden, es el ejemplo gráfico de lo que es el caos.

Con esto no quiero decir que la capital egipcia decepciona y es desaconsejable, sino lo contrario, hasta en el más profundo caos es posible encontrar la belleza. Eso es El Cairo.

Nuestro alojamiento estaba en el barrio de Doqqui, en la calle Tahrir, punto en el cual todas las mañanas cogíamos un taxi hasta el lugar que tocase visitar ese día. Elegimos comenzar por Cairo Islámico (el trayecto en taxi, no más de 20 libras egipcias [1 euro= 8 libras egipcias, más o menos]).

Khan-Al Khalili
En este barrio se sitúa el bazar más famoso de la ciudad: Khan- Al Khalili. Adéntrate en cualquiera de las calles, sin rumbo, y pronto no verás otra cosa que no sean puestos de shishas, alfombras, bufandas y demás souvenirs. Es esta una parada imprescindible pero que, quizás, no te apetezca visitar el primer día, pues aún no estarás en 'modo compras'.

Próximo a Khan- Al Khalili se encuentra la plaza Hussein, cuyo monumento principal es la mezquita del mismo nombre. La mezquita Al-Azhar se alza justo enfrente. Si eres mujer, quieres visitarla por dentro y no llevas el característico velo (lo único necesario para entrar en la mayoría de las mezquitas), en esta te prestarán el típico chador (una prenda que cubre todo el cuerpo excepto la cara) para sentirte como una más. Hay que mencionar que Al-Azhar es la máxima autoridad religiosa de Egipto.

Una actividad curiosa a realizar en Cairo Islámico es asistir a una danza tradicional sufí (un baile en el que básicamente, vestidos de vistosos colores, los derviches giran sobre sí mismos) en el centro cultural Wekalet El Ghouri (precio para extranjeros: 30 libras).

Una calle cualquiera de El Cairo

El Cairo Antiguo o barrio copto es igualmente recomendable. Si viajas en metro, recuerda bajarte en Mari Girgis. Se trata del núcleo del cristianismo en Egipto. Alberga puntos de interés como las ruinas de la fortaleza de Babilonia, la iglesia colgante y, en general, sus callejuelas estrechas a las cuales se accede a través de una escalera que le transportará casi a otro mundo.

La Ciudadela de Saladino, por su parte, es otro de los lugares imperdibles, una fortaleza que incluye la impresionante mezquita de Mohammed Alí y que ofrece gratas vistas de El Cairo. Dedica un par de horas al menos a recorrer el sitio.

Plaza Tahrir
Ya que la actualidad informativa manda, una visita curiosa puede ser la archiconocida plaza Tahrir, epicentro de la revuelta egipcia. Se localiza muy cerca del Museo Egipcio, también indispensable.
Pese a la enorme cantidad de piezas de alto valor histórico que contiene (como el Tesoro de Tutankamon), el visitante  podrá comprobar cómo, de nuevo, el protagonista absoluto es el caos del lugar. Una pena.

Finalmente, pero, por supuesto, no menos importante, hay que ir a Giza, donde se localizan las ansiadas Pirámides.
Para llegar hasta allí hay varias opciones (taxi o contratar un vehículo para todo el día). Nosotras elegimos lo segundo y por 120 libras tuvimos un coche disponible (con conductor, claro, que conducir por El Cairo puede ser lo último que hagas en tu vida, aunque supongo que peor es ser peatón, por el anecdótico detalle de que no existen semáforos) que nos hizo un recorrido por Giza y Saqqara (donde se encuentra la Pirámide de Zoser y diversas tumbas a las que pudimos acceder).
Pirámides de Giza
Pero centrémonos en las famosas tres Pirámides (Keops, Kefren, y Micerinos) y la Esfinge. Que no os intenten endiñar un pack fuera del recinto que incluya entrada y paseo en camello por las dunas. La entrada son 60 libras pero, si se quiere visitar la Gran Pirámide (Keops), hay que pagar 100 libras más.
Respecto al alquiler de un camello o caballo una vez dentro, nosotras pagamos 40 libras por un paseo de una hora.
El sitio es especial, aunque, para mi gusto, muy poco virgen, ya que esperaba que me soltaran en mitad del desierto. Y no es así, ya que el recinto está a las puertas del pueblo de Giza, pueden pasar vehículos al interior, etc. A todo esto también hay que sumarle el "acoso" que caracteriza a los egipcios. No puedes dar dos pasos sin que te intenten vender un paseo en camello, te pidan dinero, o quieran una foto contigo.
Obviando estos detalles para mí fue la mejor excursión de mi estancia en El Cairo.
Ese día lo rematé montando en faluca (una embarcación típica) por el Nilo.

Mezquita de Mohammed Alí, en la Ciudadela
*Otras visitas que recomiendan las guías son la Necrópolis (un cementerio que ha sido ocupado por los más pobres) y la mezquita de Ibn Tulun (la más antigua de El Cairo).

viernes, 9 de noviembre de 2012

Siete bares imprescindibles (y curiosos) en Manchester

En Manchester, otra cosa no, pero bares hay para todos los gustos y perfiles. La ciudad, tan industrial ella, muy bonita no es, de hecho, no la encuentro muy turística. No obstante, en lo que se refiere a locales para beber, hay a raudales y siempre tendrás a alguien cerca que te descubra otros nuevos.
Es muy difícil elaborar una lista de los imprescindibles, pero vamos a aventurarnos y a mencionar algunos que, seguro, te dejan huella.

Sinclair´s Oyster Bar
  • Sinclair´s Oyster Bar merece la medalla de oro (o al menos aparecer en primer lugar) por su auténtico sabor inglés: que va desde su fachada hasta sus acogedores interiores. Siempre repleto de gente (tanto dentro como fuera), quizás su reclamo es el nada caro precio de las pintas. ¿Dónde está? 2 Cathedral Gates.
  • Footage es el nombre del bar por excelencia de los universitarios de Manchester y de los jóvenes en general. Si te gusta el fútbol, aquí podrás pasarte veladas muy entretenidas en un ambiente muy animado. Además, tienes el 90% de posibilidades de encontrarte a algún español, sobre todo si es miércoles, ya que estos días te puedes tomar una pinta por tan solo 1 libra. ¿Dónde está? Grosvenor Street.
  • Temple Bar es, sin duda, uno de los bares más populares de Manchester y esto es debido a la curiosa historia que lleva a sus espaldas. Y es que este pequeño local fue en sus orígenes un baño público. ¿Que no os lo creéis? El olor aún hoy en día sigue delatándolo. ¿Dónde está? 100 Great Bridgewater Street.
  • Cloud 23 Bar ostenta el privilegio de ser el bar que se encuentra a mayor altura de Manchester. Se ubica en la famosa Torre Beetham, un rascacielos fácilmente observable desde muchos puntos de la ciudad. Tomarse un cóctel contemplando al mismo tiempo los tejados de Manchester resultará una delicia. ¿Dónde está? 303 Deansgate.
  • Odd Bar puede ser tranquilamente uno de los bares más pintorescos de la ciudad. Su ubicación en el barrio alternativo de Manchester, en Northern Quarter, cuadra a la perfección con su estética. ¿Dónde está? 30-32 Thomas Street.
  • Corbieres Wine Cavern es, como su nombre indica, una cueva en pleno centro de Manchester. Descienda las escaleras para adentrarse en el local, cuya luz tenue invita a sentarse al abrigo de sus paredes rugosas. ¿Donde está? 2 Half Moon Street.
  • Hula Bar es ideal para quienes no busquen un bar al uso. Este hawaiano tan bien caracterizado destaca, como no podía ser de otra forma, por sus variados cócteles, su pecera gigante y una hamaca colgante en la que podrá tumbarse con su copa como si estuviera al sol de cualquier playa del Pacífico. ¿Dónde está? 11 Stevenson Square.

Y tú... ¿tienes alguna recomendación que hacer?





miércoles, 31 de octubre de 2012

Nueva York fascinante

En el año 2008 el magnífico Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero me concedió una beca para estudiar inglés durante 3 semanas. No me lo pensé: Nueva York.
Recuerdo salir del autobús que me condujo del aeropuerto hasta la estación de tren Grand Central, coger mi maleta y levantar la vista. Creo que era la primera vez que veía edificios tan altos a mi alrededor y, sobre todo, tantos.
Puente de Brooklyn
Tuve mucha suerte porque mi residencia estaba muy céntrica, bastante cerca de la sede de la ONU, un edificio que recuerdo ver a toda prisa el último día de mi estancia en la Gran Manzana. No obstante, la mayor de las suertes vino cuando descubrí dónde se encontraba mi escuela de inglés: en la planta 63 del archiconocido Empire State Building, el rascacielos más famoso de la ciudad. Con esas impresionantes vistas, qué difícil era concentrarse en las clases.
Se trata del edificio más alto de Nueva York y cuenta con 102 plantas. Su localización exacta es la 5ª Avenida con la calle 34. Hay que mencionar que en Manhattan es relativamente fácil moverse con estas indicaciones ya que para encontrar un sitio basta con tomar como referencia las avenidas (Lexington, Park, Madison, 5ª, 6ª, etc) y las calles numeradas que las cortan.
Vistas desde el Empire State Building
La 5ª Avenida es otro de los puntos a señalar y destaca por ser la calle comercial por excelencia de Nueva York. Entreténgase las tiendas más glamourosas y verá cómo, casi sin enterarse, llegará al Central Park, el pulmón verde de la ciudad. Si quiere regalarse una de las vistas más maravillosas de este lugar, no tiene más que acercarse al Rockefeller Center y subir al llamado Top of the Rock, la planta superior de un edificio muy popular sobre todo por la pista de patinaje de hielo que se instala a sus pies coincidiendo con las Navidades.
Otro de los lugares que más me impresionaron fue Times Square, o la plaza de los luminosos, una zona especialmente impactante por la noche. Y no podíamos olvidarnos de dos de las estampas más típicas: el puente Brooklyn, sencillamente precioso, que une Manhattan con Brooklyn; o la famosa Estatua de la Libertad, cuya corona, según parece, volverá a abrirse para el público pronto.
Pero la ciudad que nunca duerme tiene esto y mucho más:

Central Park visto desde el Top of the Rock
-Wall Street, donde se ubica la emblemática Bolsa que es la protagonista absoluta de los telediarios de los últimos tiempos.
-Chinatown. Un barrio donde perderse entre la multitud de coloridos mercadillos. Además, en este distrito el visitante podrá ver las típicas viviendas con las escaleras de incendios que tanto aparecen en las series americanas.
-Madison Square Garden. Una visita obligada para los amantes de los deportes o para disfrutar de un concierto en uno de los estadios más famosos del mundo.
-Little Italy. En esta "pequeña Italia" podrá degustar las mejores pizzas de la ciudad.
-World Trade Center. Merece la pena dar un paseo por la Zona Cero.
-Museos: Museo de Arte Moderno (MOMA) o Museo Metropolitano de Arte, entre otros.

Algunas recomendaciones para su visita a Nueva York

Si viaja a Nueva York hay ciertas cosas que es casi de obligación hacer. Por ejemplo, asistir a un musical de Broadway será una experiencia irrepetible. Curioso es, asimismo, desplazarse hasta el barrio de Harlem y presenciar una misa Gospel. Le sorprenderá lo expresiva que es la comunidad negra en sus iglesias y, sobre todo, en sus canciones.
Recomendable es, por otra parte, cenar (solo para los bolsillos más pudientes) o simplemente tomarse algo en The View, un restaurante giratorio ubicado en la azotea de un hotel muy cerquita de la calle Broadway.
Y, por supuesto, aparque la dieta por unos días y sumérjase en el increíble mundo de la fast food. En esta línea, no se pierda este artículo de El País.

Seguro que se me escapan aspectos de está mágica ciudad. ¡Os animo a que completéis la información! (Claro, si hay alguien ahí...).




jueves, 13 de septiembre de 2012

Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch, el lugar con el nombre más largo del mundo

Hay que coger aire antes de pronunciar el nombre
Hoy os traigo una curiosidad. Y es que quizás en el País de Gales se encuentre el lugar con el nombre más largo del mundo. Se trata de una pequeña localidad con una denominación tan extensa como impronunciable: Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch.
Traducido del galés al español, según la Wikipedia, significa: La iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco, cerca de un torbellino rápido y la iglesia de San Tisilo, cerca de la gruta roja.
Se sitúa al sur de la isla de Anglesey, un trocito de tierra localizada al norte de Gales. Así, la isla se encuentra conectada con Bangor, la ciudad más grande del condado de Gwynedd, mediante el llamado Menai Bridge, un bonito puente colgante.
En realidad Llanfairpwllgwyn (como a menudo se le conoce y por abreviar) no es gran cosa. Lo más interesante es, quizás, el edificio de visitantes que alberga una tienda con algunos souvenirs interesantes en su interior y que está coronado por un largo cartel con el nombre de la población.
Visitar esta villa galesa y no fotografiarse con este cartelito es casi como visitar París y no hacer lo propio con la Torre Eiffel (una comparación un tanto extraña, lo sé).

sábado, 8 de septiembre de 2012

Pueblos de Gales con encanto: Beddgelert

Durante mi estancia en Gales en 2010 cada vez que tenía día libre (que venía a ser uno por semana) intentaba ir a conocer los pueblos del área. Beddgelert es uno de los más bellos que visitaría.

Beddgelert
Enclavado en el Parque Nacional de Snowdonia, en el cual se halla el Snowdon, la montaña más alta del País de Gales, es una villa sobre todo conocida por la leyenda de Gelert. Este era un perro (de ahí que uno de los puntos de interés sea su tumba), el más fiel compañero de Llywelyn, príncipe del norte de Gales. Un día este llegó a su castillo después de un día de caza y se puso histérico porque no encontraba a su bebé y, en vez de eso, vio a Gelert cubierto de sangre. Enfadado y pensando que él lo había matado, le clavó su espada hasta que, de repente, escuchó sollozos de su hijo, quien estaba acorralado por un lobo con cara de pocos amigos.
Tumba de Gelert
El príncipe se sintió muy arrepentido por haber desconfiado de su honrado amigo, pero ya era demasiado tarde y Gelert murió. Llywelyn nunca más volvió a sonreír.
Esta es la tierna historia que puede leerse en la tumba del perro, que se localiza en un paisaje extraordinario. 
Realmente Beddgelert son cinco calles, un río y un puente pero todo ello a los pies de las montañas ofrece una estampa que merece la pena admirar.

Una de las mejores maneras de acceder a este pueblecito es yendo en el Welsh Higland Railway, un pintoresco tren turístico que se coge en Caernarfon, y realiza algunas paradas, para contemplar las maravillosas vistas del entorno.


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Qué ver en el norte de Gales: la ruta de los castillos

Llevo un tiempo queriendo escribir esta entrada porque aparte de que el País de Gales es un completo desconocido, viví ahí cerca de dos años.
Por razones laborales, el destino hizo que acabase en un pueblecito llamado Pwllheli (pronunciado algo así como "pujeli"), ubicado en el condado de Gwynedd, en el norte de Gales.
El norte de Gales y prácticamente todo el país se compone de pequeñas poblaciones enmarcadas en  el verdor de los campos y las apacibles ovejas. Incluso me atrevería a decir que Cardiff, la capital, es la única que es verdaderamente una ciudad.
El idioma galés no está muy extendido por todo el país. No obstante, precisamente Pwllheli es donde se fundó el Plaid Cymru, un partido político independentista que defiende la cultura galesa y, por ende, el idioma. Por este motivo, no es de extrañar que tanto en esta localidad como en el norte en general, los habitantes tengan como primera lengua este idioma, un idioma un tanto curioso, repleto de íes griegas y uves dobles y de palabrejas impronunciables.
Pues bien, Pwllheli es una población costera y se localiza exactamente en la península de Llyn, un territorio conformado por hermosas playas pero su desagradable clima impide disfrutar totalmente de ellas.
Poco menos de media hora en autobús separa Pwllheli de Porthmadog, una localidad un poco más grande que la primera que hay que pasar para comenzar la ruta de los castillos, como la he querido denominar.
A medio camino entre ambas se localiza la primera parada: Criccieth, donde nos espera el primero de ellos.
Castillo de Criccieth
El Castillo de Criccieth se erige sobre un montículo y se construyó aproximadamente a mediados del siglo XIII. Se trata de un fiel testigo de las eternas guerras entre Inglaterra y Gales. Hay una colina justo enfrente desde donde se contemplan unas vistas espectaculares tanto del castillo como del mar Irlandés.
Hay que desplazarse en dirección norte para visitar uno de los castillos galeses mejor conservados y más famosos: el Castillo de Caernarfon. Este fue erigido a finales del siglo XIII no solo con fines defensivos sino también como residencia de la realeza. Como curiosidad hay que apuntar que fue aquí donde tuvo lugar la investidura del Príncipe Carlos como Príncipe de Gales en 1969.
Por su parte, a pocos kilómetros al sur de Porthmadog se encuentra otra de las fortalezas más impresionantes, la de Harlech. Merece la pena visitarla y contemplar desde el castillo formidables vistas de las montañas de Snowdonia.
El Castillo de Conwy es otro de los recomendables. Se sitúa en la costa norte, cerca de Llandudno, otra localidad de interés. Algo característico de este castillo es su enorme puente colgante. Hay que añadir que es posible pasear por la muralla que rodea a esta población medieval y desde la que se advierten todos los encantos de la misma.
En menos de 100 kilómetros podrá ver estos cuatro castillos, algunos de los mayores atractivos del norte de Gales.

Castillo de Conwy
Castillo de Caernarfon



martes, 28 de agosto de 2012

La mejor tetería de Manchester, Richmond Tea Rooms

Adoro las teterías. Tras mi estancia en Reino Unido en general y en Manchester en particular descubrí mi pasión por las teterías de estilo clásico inglés. Hasta entonces, para mí este tipo de establecimiento era sinónimo de ambiente arabesco, con sus cojines en el suelo, cachimbas y decoración típica de estos países. Y me encantan también, por supuesto.
Antes de mudarme a Manchester, viví en un pueblecito del norte de Gales una temporada. El norte de este país es así, repleto de pequeñas poblaciones con pintorescas casas, ovejas y montañas. Además, en cada uno de estos sitios es posible encontrar este tipo de teterías con encanto.
Se caracterizan por tener una decoración muy cuidada, con paredes empapeladas y vajilla de porcelana. El ambiente es algo "viejuno", pero es, sin duda, lo más entrañable del salón de té.

Tea room en Caernarfon (Gales)
Uno de los más coquetos que vi estaba en la localidad de Caernarfon, famosa por su imponente Castillo. En concreto, entré en una tetería preciosa, adornada en tonos pasteles.
Unos meses más tarde visitaría York, sin duda una de las ciudades más bonitas de Inglaterra. En esta me topé con una tetería muy grande (pues lo normal es que sean más bien pequeñitas), pero perfectamente caracterizada: con sus teteras y vasos de porcelana, sus manteles calados y su variada oferta de tartas. Me sorprendió que hubiese un montón de gente haciendo cola para entrar.

Tea room en York (Inglaterra)
Este tipo de establecimientos escasean en Manchester y en las grandes ciudades británicas en general. Por ello, me llevé una grata sorpresa cuando descubrí Richmond Tea Rooms, un colorido salón de té enclavado en el gay village mancuniano. Se llega fácilmente, pues basta con tomar la calle Portland Street (desde Piccadilly Gardens) y una vez hemos pasado el famoso hotel Brittania, giramos a la izquierda y seguimos andando hasta llegar a la calle Richmond Street donde se ubica el local.
Richmond Tea Rooms (Manchester)
Una vez dentro, parece que te encontraras en el cuento de Alicia en el País de Las Maravillas y puedes elegir entre sentarte en los sillones del fondo, en las mesas de la sala o en una especie de invernadero.

Un maravilloso tea room donde degustar el tradicional English Breakfast tea.

jueves, 16 de agosto de 2012

Visite Bratislava, capital de Eslovaquia

Eslovaquia no es un país que destaque desde el punto de vista turístico, aunque a mí los que más me llaman la atención son precisamente los menos conocidos. Yo suelo decir mucho: "ya iré a París o a Roma, antes prefiero visitar Sarajevo o Nicosia".
La casa más estrecha de Europa
Así que cuando decidí ir a Viena en el pasado mes de junio, me pareció obvio y una idea estupenda visitar también Bratislava. No en vano, son las dos capitales europeas más próximas entre sí (80 kilómetros las separan). Desafortunadamente, y aunque ya me lo habían advertido, Bratislava no es gran cosa.
Mi amigo y yo llegamos en bus desde la estación de Südtiroler Platz, en Viena. Llegamos a Bratislava en apenas hora y media (si no recuerdo mal), a una estación de autobús un poco cochambrosa (todo hay que decirlo), muy de países del Este, añadiría. Llegar a mi alojamiento fue una odisea, porque nadie hablaba inglés y al final lo encontramos como pudimos. Lo sabríamos más tarde, pero me alojé en un albergue muy cercano a uno de los puntos de interés de Bratislava: el Palacio Grassalkovich, la residencia del actual presidente eslovaco.
Hlavne namestie (plaza principal)
Después de callejear un poco para intentar encontrar el acceso al centro histórico (sinceramente, a veces los mapas los hacen un poco ininteligible), llegamos, no sin antes observar en lo alto el Castillo de Bratislava, al que se puede acceder.

Iglesia Azul
El casco antiguo sí que me gustó, es pequeño, pero muy encantador. Merece la pena pasear por sus calles e ir encontrando, casi por casualidad, con los edificios de interés. La Puerta de San Miguel está por aquí y justo en este punto se encuentra el Kilómetro 0. Junto a ella está la que se dice que es la casa más estrecha de Europa. No sé si nos equivocamos de edificio, pero nos pareció extraño que el edificio que ostenta este honor sea un bar de comida rápida.
La plaza principal es muy bonita y pintoresca. En esta se localiza el Ayuntamiento y el Palacio del Primado. Además, en este lugar hay pequeños puestos en los que comprar algún souvenir.
Sin embargo, lo que más me gustó de Bratislava (aparte de lo barato que es y la comida tan rica, de la que más adelante hablaré) fue la Iglesia de Santa Isabel, también conocida como Iglesia Azul. Se ubica fuera del casco, en la calle Bezrucova. No te la pierdas. Las guías turísticas recomiendan también la Catedral de San Martín y el cementerio de Slavín (un sitio quizás muy recomendable pero que no pude visitar).


Pasta con salsa de queso mmm
Comer en Bratislava: bueno y barato

Antes de visitar Bratislava me recomendaron dos sitios fantásticos para comer: el Slovak Pub (calle Obchodná 613/62) y el Flagship. Yo estuve en el primero y me encantó. De entrante pedimos una "ración" de queso eslovaco típico y para mí pedí una especie de pasta con una salsa de queso bueníiiiisima. No obstante hay gran variedad de platos para elegir, con una carta traducida al inglés y con fotos.

Cómo llegar al aeropuerto de Bratislava desde la ciudad

Llegar al aeropuerto de Bratislava es muy sencillo, muy barato y requiere muy poco tiempo. Basta con tomar el autobús número 61 desde la estación de tren (Hlavna stanica). En Bratislava los billetes se compran por fracciones de tiempo, por lo que tienes que calcular cuánto durará el viaje. Aproximadamente 15 minutos de viaje son 50 céntimos de euro. El trayecto hasta el aeropuerto es de unos 20 minutos, por lo que este billete será suficiente.

lunes, 30 de julio de 2012

De turismo en Viena, capital de Austria

Cuando pensaba en el triángulo turístico Praga-Viena-Budapest, sin duda Viena era la ciudad que, a priori, menos me llamaba la atención. No obstante, tengo que retractarme porque después de visitarla me ha sorprendido muy gratamente.
Palacio Belvedere
Si hubiera que usar solo un adjetivo para caracterizarla, yo diría que es elegante, señorial. Viena está llena de palacios, de enormes avenidas flanqueadas por impresionantes edificios. Prácticamente cada rincón de Museumsquartier (que identificará rápidamente porque se encuentra en el metro del mismo nombre) merece ser fotografiado. Se trata de un área que contiene los mejores museos de Viena, así como otros lugares de interés como la plaza del Ayuntamiento (Rathaus platz) o la maravillosa Heldenplatz, donde encontrar el Palacio Imperial.

Tanto estos lugares como los más turísticos se ubican dentro del denominado Ringstrasse, que no es otra cosa que un anillo que abarca los sitios más significativos de Viena. Una de las iglesias que más me impresionó fue Karlskirche, simplemente preciosa. Salvando las distancias, con su iluminación nocturna a mi se me pareció al Taj Mahal.

Iglesia de Karlskirche
Por su parte, quizá lo más conocido de Viena es la Ópera, edificio que merece la pena ver por su importancia pero que a mi no me sorprendió demasiado. El metro que trae hasta aquí es Stephanplatz, parada que también sirve para visitar la Catedral de San Esteban.

Uno de los palacios más bonitos es el Belvedere, que, si bien hay que pagar entrada, en mi opinión no merece la pena porque poder merodear por los jardines y las fuentes es suficiente. Pero sobre todo el que no puede perderse es el conocido como Palacio de Sissi, un poco alejado del centro histórico (metro: Schloss Schönbrunn). Como el anterior, hay que pagar entrada. Yo no la pagué porque para mí poder caminar por los extensos jardines fue también más que suficiente. Reserve toda una mañana para visitarlo.

Otros lugares de interés de Viena

Palacio de Sissi
Si viaja en verano o, al menos, en época de calor, recomiendo ferviertemente cruzar a la isla de Donaustatd. Se sentirá como en Fuengirola o Benidorm: con numerosos chiringuitos y ambiente playero. Todo un descubrimiento. Yo me tomé un batido en una terraza que tenía hamacas sobre la arena y fue uno de los momentos más especiales de mi viaje.

Muy cerca se encuentra el colorido parque de atracciones Prater, que se erige como el más antiguo del mundo.

Otro de los sitios que debe incluir en su ruta es el edificio Hundertwasser (que me costó la vida encontrar, así que tenga paciencia). No entiendo de arte, pero me recordó mucho a las obras arquitectónicas de Gaudí. Finalmente, no se pierda el gigantesco mercadillo Naschmarkt: de frutas, verduras y aceitunas de mil colores.

Recomendaciones
Tarta Sacher
  • Austria tiene euros, pero yo como estaba viviendo en Inglaterra necesitaba una casa de cambio urgentemente. Además, suele ser más recomendable cambiar la divisa en el lugar de destino porque el cambio es mejor. Eso en Viena NO pasa, así que si por circunstancias de la vida no cuenta con euros, cámbielos antes de llegar a la capital. Sobre todo evite las casas de cambio cercanas a la Catedral: ¡¡las muy cara duras pretendían darme menos euros que lo que yo les ofrecía en libras!! 
  • Supongo que Austria en general también, pero Viena es carísimo. Así que prepárese para desembolsar bastantes euros. Eso sí, no escatime en probar su especialidad: el Schnitzel (un filete empanado) y la famosa tarta Sacher. Otra recomendación (esta vez, más barata) es el Leberkässemmel: un bocadillo de una especie de jamón grueso delicioso. 
  • El metro. Como en casi todas las ciudades del centro y este europeo, el metro es "gratis". Esto quiere decir que existe la leyenda del revisor fantasma que pocos conocen pero que está ahí. Usted mismo. 
  • Para las compras, una de las mejores calles es Mariahilfer
  • Una curiosidad: Viena y Bratislava (capital de Eslovaquia) son las capitales europeas más próximas entre sí (menos de 100 kilómetros). Reserve un día para visitarla. 
  • ¡Disfrute con los numerosos puestos de salchichas!